ST JOHN S.- Su superficie es de apenas 280 km2, pero la pequeña isla de Antigua se jacta de haber alcanzado un buen número de récords: contar con una playa para cada dÃa del año, con el mayor promedio de bodas en el mundo (22,1 cada mil habitantes, por delante incluso de Las Vegas), con el Carnaval más fascinante del verano boreal, o con uno de los 10 rones más exquisitos del planeta, según la revista Forbes. Mito o verdad, lo cierto es que resulta difÃcil comprobar semejantes atributos. Y que la mayorÃa de los 500.000 turistas que cada año visitan este paraÃso caribeño lo hacen por razones evidentes: aguas turquesas, arena en polvo, palmeras, ritmos contagiosos de calypso y ese clima relajado que lo impregna todo, empezando por los locales que suelen concluir sus frases con un arrastrado y despreocupado yaman , la versión caribeña del inglés yeah man . En realidad, Antigua es Antigua & Barbuda, y Antigua & Barbuda incluye una tercera isla, Redonda, un peñón rocoso y deshabitado de sólo 2 km2, tan insignificante que directamente quedó borrado de la nomenclatura oficial. La historia dice que Antigua fue descubierta en 1793 por Cristóbal Colón, que la bautizó asà en honor a la iglesia de Santa MarÃa de la Antigua de Sevilla. En tanto, Barbuda (160 km2, 1500 habitantes) recibió más tarde su extraño nombre por las barbas de lÃquenes que adornaban sus palmeras. El territorio pasó a ser colonia británica en 1632, y en 1981 se independizó dentro de la Comunidad Británica de Naciones. No sorprende, entonces, que la impronta británica todavÃa esté tan fresca. Desde la costumbre de circular por la izquierda hasta la pasión por el cricket (hay que ver el gigantesco estadio que se ha consagrado a este deporte nacional), las huellas del imperio también están presentes en sitios históricos como English Harbour, puerto en el que el almirante Nelson instaló el cuartel general de su flota. Hoy, la que fue su base está llena de yates de lujo, mientras las antiguas instalaciones militares -totalmente restauradas- sumaron un hotel, un restaurante y un museo. Lo curioso es que, aunque el lugar es todo un tributo a Nelson, el mÃtico genio naval pasó la mayor parte de su estada en Antigua en el pequeño camarote de su barco, declarando abiertamente la poca simpatÃa que sentÃa por la isla. De hecho, salió tan enfermo de esta que a su regreso a Inglaterra ordenó embarcar un barril de ron para preservar su cuerpo, por si las cosas se ponÃan mal en verdad. Muy cerca de English Harbour se alza otra de las atracciones más populares de Antigua, Shirley Heights, antiguo fuerte con una vista privilegiada sobre la bahÃa y más allá (de hecho, en un dÃa despejado se divisan las islas de Montserrat y Guadalupe). Y si es domingo vale la pena quedarse a comer cerdo asado, tomar un rum punch , ver el atardecer y escuchar en vivo a las steel bands, bandas de acero que se valen de los objetos de metal más diversos -desde tapas de tachos de basura hasta barriles de petróleo- como instrumentos de percusión. Se cobra una entrada general de U$S 8 y hasta las 22 suenan los ritmos de reggae y calypso, esa música de raÃces afroamericanas que se remonta a los tiempos en que los esclavos se comunicaban cantando (tenÃan prohibido hablar mientras trabajaban). Por rutas sinuosas, campos ondulados salpicados con las ruinas de antiguos molinos de azúcar, vendedores ambulantes de pescado frito y rebaños de cabras se llega a St John s, capital de Antigua. No hay mucho que hacer en verdad en este pequeño centro de calles estrechas, casitas de colores apretadas unas contra otras, alguna que otra iglesia (católica, anglicana o adventista) y carteles desgastados por el tiempo. St John s se ha convertido en escala predilecta de cruceros, y sus pasajeros inundan por unas horas la ciudad, con más prisa que curiosidad. Pero quienes visitan la isla por más tiempo se desparraman por las numerosas playas -¿será verdad lo de las 365?- que bañan sus costas, playas que cuentan con el plus de 1) tener poca concentración de gente, 2) estar protegidas por arrecifes. Half Moon Bay, Dickenson Bay, Pineapple Beach o Long Bay son algunas de ellas, a cual más espectacular. Tampoco falta un buen surtido de hoteles, resorts ultra all inclusive , villas privadas y clubes exclusivÃsimos como el Mill Reef Club, renombrado refugio de ricos y famosos (Jackie Onassis fue una de sus primeras huéspedes). Por cierto, no son pocas las celebridades que levantaron su mansión en la isla, entre ellas, Georgio Armani y Eric Clapton, que fundó en Antigua su clÃnica de rehabilitación. Y los que buscan incluso mayor intimidad pueden navegar 3 horas o volar 20 minutos a la vecina Barbuda, santuario de aves y naturaleza salvaje, famosa por sus playas desiertas de arena rosada. Aunque agreste, la diminuta isla posee algunos de los hoteles más refinados del Caribe. La princesa Diana, por ejemplo, se hospedó durante tres años consecutivos en el K-Club, uno de los pocos lugares donde podÃa escapar de los paparazzi. Claro que las suites arrancan en los U$S 2000 la noche. La discreción y el paraÃso tienen su precio.
Por Teresa Bausili para el Suplemento de Turismo de LA NACION.
DATOS UTILES
Cómo llegar
Por American Airlines, con escala en Miami y Puerto Rico, desde U$S 1351, con impuestos.
Dónde alojarse
Sandals Resorts tiene tarifas de siete noches a partir de los U$S 1785 más IVA, por persona en base doble. www.sandals.com
En el Astillero de Nelson hay un hotel de época de 14 habitaciones, The Copper and Lumber Store Hotel; www.copperandlumberhotel.com
Para hoteles Ãntimos, consultar en www.antigua-vip.com (VIP Inns of Antigua & Barbuda – Very Intimate Places).
Regata
La Antigua Sailing Week, uno de los mayores eventos náuticos, se corre de finales de abril hasta principios de mayo.
Carnaval
Se celebra en la última semana de julio y la primera de agosto. Para conmemorar la abolición de la esclavitud hay desfiles de carrozas, música hasta el amanecer, disfraces y comida tÃpica.
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