Millones de personas, entre ellas viajeros frecuentes, padecen de serios trastornos a la hora de volar.La aeronáutica fue una de las grandes revoluciones tecnológicas del siglo pasado. Los adelantos han sido tan vertiginosos que resulta casi imposible imaginar el mundo sin sus ventajas. Sin embargo, millones de personas padecen de serios trastornos a la hora de volar: desde la imposibilidad absoluta de abordar un avión hasta hacer que un “viaje de placer” se transforme en una verdadera pesadilla. El miedo es uno entre tantos otros motivos que provocan estrés, dado que también trastornan los aeropuertos, las esperas y las colas.

Las causas
En el mundo, una de cada tres personas tiene alguna dificultad para volar. ¿Cuáles son las causas que provocan el estrés? Muchas. Hay personas que son más propensas a tener un trastorno de ansiedad, con sus consiguientes miedos y pensamientos catastróficos: “¿ y si se cae el avión?”, “¿Y si dejo sola a mi familia?”. Existe una base de personalidad ansiosa que todo el tiempo anticipa una catástrofe que pudiera llegar a ocurrir.
Sucede que en las horas de vuelo lo único que se puede hacer es pensar, y no es sencillo estar tanto tiempo haciéndolo. Uno se encuentra solo frente a los pensamientos y suele agigantar los miedos. La inactividad hace que uno se conecte con sus propios pensamientos y la soledad, yeso genera ansiedad.
Entre los viajeros frecuentes se distinguen distintos tipos de estrés, ya que están aquellos que tienen que viajar obligatoriamente por trabajo (quienes tienen una presión extra) y los que lo hacen por placer.
En la actualidad, el segmento corporativo es el que cuenta con mayor cantidad de viajeros frecuentes. De hecho, las compañías aéreas tienen un sector dedicado especialmente a este tipo de pasajeros. Sin embargo, uno de los aspectos que merece gran atención es que las corporaciones no suelen preguntar a sus empleados sobre los trastornos que les provoca volar. Cuestionan, con seguridad, sobre el manejo del idioma inglés, porque influye en el trabajo. Pero no lo hacen respecto al estrés que les provoca el vuelo, aunque esto también afecte el rendimiento.
Por lo general, los viajeros corporativos (que conforman la mayoría de los viajeros frecuentes) trabajan hasta último momento. Así, al subir a la aeronave, se encuentran con un nivel de estrés tan grande que -luego de sentarse en su butaca- cualquier cosa que ocurra (un ruido, la cara de una azafata, un rayo o lo que fuere), les permite pensar, por ejemplo, que ese vuelo será peligroso. Esto sucede porque se utiliza un medio de transporte que no es controlado por el viajero, y gran parte del estrés tiene que ver con el control. Y en el caso del avión, hay que cederlo al piloto.
Por lo general, los viajeros frecuentes están acostumbrados a hacer negocios, manejan personal y mucho dinero, y sienten que tienen el poder sobre muchos aspectos de su vida. Entonces, estar algunas horas bajo el control de otro no les resulta agradable.
Por otra parte, el que viaja por cuestiones laborales necesita estar bien, despierto y de buen ánimo para poder sacar provecho del viaje. Además, no puede demostrar sus flaquezas (el miedo a volar, por ejemplo, es algo que se debe esconder). Y, obviamente, esto influye luego en el trabajo, porque el estrés genera un agotamiento físico y psíquico. La cabeza, que está todo el tiempo preocupada, pensando, también se agota. En el caso del sistema nervioso, si se está mucho tiempo con un estrés sostenido, cualquiera sea su causa, se genera una baja de rendimiento. Y cuando esto sucede, también baja la autoestima y se está más propenso a la depresión. Por eso es fundamental prevenir con la ayuda de un especialista.

Los síntomas
Algunos síntomas pueden aparecer días antes del vuelo, cuando se acumula estrés como si se estuviera viviendo una cuenta regresiva. Pero también hay otros que tienen que ver con manifestaciones corporales, como taquicardia, sudoración, temblor, pensamientos de muerte, náuseas, dolores abdominales, cosquilleo en las piernas o en los brazos. Esos son los síntomas de la ansiedad; cuando cuatro de ellos se dan juntos y llegan a su punto máximo en 10 minutos, en una situación de vuelo o en cualquier otra, estamos frente a un ataque de pánico. Y esto puede suceder mientras se hace el check-in, pensando en que falta poco para pasar por la manga y subir al avión.
En líneas generales, como consejo para afrontar el estrés -tanto en el avión como en cualquier otra situación-, la respiración y la relajación son las herramientas más económicas, al alcance de la mano y las más indicadas que se pueden emplear, ya que son naturales (llamadas “de autoasistencia”). Así, hay que aprender a respirar profundo, acomodarse, relajarse y lograr una visualización de temas agradables en situaciones de tensión.

Otros temores
Con la globalización, el mundo se fue acercando y es común tener que viajar para cerrar negocios en Japón, China u otros países remotos. Así es que muchas personas también manifiestan temor ante el cambio de husos horarios. Es necesario, entonces, prepararse para estos vuelos: saber qué comidas ingerir, qué es lo que se va a sentir -algo fundamental para que no tome desprevenido al pasajero- y cómo dormir según el tipo de ruta (en el mismo sentido o en contra del reloj).
En cuanto al llamado “síndrome de la clase turista”, está directamente relacionado con el amontonamiento de pasajeros, la falta de comodidad en las aeronaves. Si bien tiene que ver principalmente con problemas de circulación en las piernas, este es un problema que los viajeros traen consigo desde antes del vuelo. Los especialistas aseguran que una persona sana no puede sufrir una trombosis por estar 12 horas sentada en un avión. De todos modos, se puede pedir un trato preferencial en cuanto a la ubicación (sin que esto signifique cambio de clase ni más dinero), ya que el avión cuenta con algunos espacios de mayor confort.

Fuente: La Agencia de Viajes Argentina

El confort en el destino
Una vez en el destino, para disminuir el nivel de estrés se recomienda realizar actividad física: caminatas, cinta, natación o cualquier otra actividad. Actualmente, los hoteles especialmente diseñados para viajeros frecuentes ofrecen una gran cantidad de servicios. Entre otras facilidades, cuentan con spa, gimnasio, servicio de masajes y pileta. De esta forma, lo ideal sería tener tiempo suficiente para relajarse y bajar revoluciones. y, en el caso de que una agenda ajustada no lo permita, una alternativa es practicar -antes de dormír- una buena técnica de respiración para bajar los niveles de tensión y ansiedad: así el cuerpo baja a un nivel de actividad mínimo y puede descansar bien. De todos modos, el relax con los ejercicios antes mencionados se puede hacer, incluso, viajando en taxi rumbo al aeropuerto.
Conscientes de esta problemática, los establecimientos hoteleros también están cada vez más interesados en que sus pasajeros no sufran estrés. Se sabe que, a causa de la ansiedad que les provoca el vuelo, en vísperas del viaje se descargan con el primero que se les cruza en el camino.
Otro factor de importancia es el servicio que se brinda, ya que influye enormemente en el estado anímico de los huéspedes. Saber Que el hotel cuenta con la infraestructura que el pasajero necesita los predispone de un modo diferente. No es lo mismo, por ejemplo, disponer del servicio de banda ancha en el cuarto que tener que ir a un sector especial para utilizarlo. En ese sentido, también es importante que todos los hoteles tengan un desayunador, un sector donde el huésped pueda estar tranquilo, tomando su desayuno por la mañana, con música y colores agradables que generen un ambiente cálido, que se parezca lo más posible a un espacio familiar.
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